Esta es la historia de un cavernícola que habitaba en el valle de Lorión, cerca de las montañas. Vivía solo y despreocupado pensando únicamente en cazar, comer y dormir.
Su cueva era un montón de piedras rocosas y huesos de los animales que cazaba y comía. También tenía colgadas, por todos lados, las pieles de esos animales que utilizaba para vestirse y taparse por las noches.
Un día salió de caza porque tenía hambre y se encontró con un gran objeto extraño. Con gran temor, por no decir pánico, se acercó con su lanza preparada y empezó a olfatearlo. No se parecía a ningún olor conocido; lo tocó y su tacto era suave. Brillaba al sol. Era rectangular, del color de la tierra. En la parte de arriba era transparente y podía verse el interior. Había dos piedras delante de tamaño pequeño y una enorme detrás, todas forradas de piel. Ante una de las pequeñas, había otra plana y redonda, más pequeña que las cuatro exteriores que aguantaban el extraño objeto. En su parte exterior delantera había dos grandes ojos que brillaban y en la parte exterior trasera otros dos más pequeños.
Una vez examinado el objeto, se introdujo en el interior y soñó que se trasladaba a otro sitio sin ningún esfuerzo. Cuando acabó su “viaje”, decidió darle un nombre. Lo llamó: COCHE.
28.12.07
27.12.07
Poema
Sólo sé que me has cortado
las alas de la infancia
para hacerme volar
aún más alto
sobre jardines prohibidos
de eterna primavera.
Al asomarme al mar
atrayéndome
con su infinito color
en su inmensa profundidad
todos los colores
se vuelven uno: tú.
las alas de la infancia
para hacerme volar
aún más alto
sobre jardines prohibidos
de eterna primavera.
Al asomarme al mar
atrayéndome
con su infinito color
en su inmensa profundidad
todos los colores
se vuelven uno: tú.
A mi madre
Este poema lo escribí hace 5 años y medio. Se lo dediqué a mi madre que unos días antes había fallecido en mis brazos. Quise hacerle un homenaje y lo mejor que podía hacer era escribir, porque es lo mejor que sé hacer.
Una luz se ha apagado,
la que una vez me dio la vida.
He podido escribir cosas
para otros que se extinguieron
pero ahora, no puedo
expresar lo que siento.
Me faltan las palabras.
Ha sido tan grande el vacío
que ha dejado,
que llenarse de nuevo
nunca se podrá.
Ni otra persona,
ni el amor de los vivos,
es suficiente para ocupar
el lugar que ha dejado
la muerte de mi MADRE.
Nunca viví la muerte
de tan cerca.
Nunca la tuve
en mis brazos.
Nunca la besé,
ni la sentí tan dentro.
Algo murió aquella noche
en mi alma
que ni tan siquiera
el llanto ha aliviado.
Muchos amores
he vivido y he amado,
pero hasta ahora
no me había dado cuenta
de lo mucho que la he querido,
y de las pocas veces
que se lo he demostrado.
Mami, bendita seas.
TE QUIERO.
Una luz se ha apagado,

la que una vez me dio la vida.
He podido escribir cosas
para otros que se extinguieron
pero ahora, no puedo
expresar lo que siento.
Me faltan las palabras.
Ha sido tan grande el vacío
que ha dejado,
que llenarse de nuevo
nunca se podrá.
Ni otra persona,
ni el amor de los vivos,
es suficiente para ocupar
el lugar que ha dejado
la muerte de mi MADRE.
Nunca viví la muerte
de tan cerca.
Nunca la tuve
en mis brazos.
Nunca la besé,
ni la sentí tan dentro.
Algo murió aquella noche
en mi alma
que ni tan siquiera
el llanto ha aliviado.
Muchos amores
he vivido y he amado,
pero hasta ahora
no me había dado cuenta
de lo mucho que la he querido,
y de las pocas veces
que se lo he demostrado.
Mami, bendita seas.
TE QUIERO.
14 de junio 2002.
24.12.07
La estación II
Era un día especial. Sí, especialmente especial. Porque la niña que soñaba con el tren, por fin iba a subir a uno.
Años y años mirando por la ventana de su habitación como otros subían a los trenes que se paraban en la estación. Años y años con la mirada perdida soñando con subirse al tren.
Salir. Huir. Escapar. Liberarse.
Mirar por la ventana era su forma de liberarse, porque no se podía mover, no podía salir. Mirar le permitía soñar con una vida que no tenía ni podía tener.
Pero el día llegó. Libre por fin, pudo subirse al tren. Al tren del otro lado. A ese que nunca regresa. Se subiría y se iría para siempre.
Años y años mirando por la ventana de su habitación como otros subían a los trenes que se paraban en la estación. Años y años con la mirada perdida soñando con subirse al tren.
Salir. Huir. Escapar. Liberarse.
Mirar por la ventana era su forma de liberarse, porque no se podía mover, no podía salir. Mirar le permitía soñar con una vida que no tenía ni podía tener.
Pero el día llegó. Libre por fin, pudo subirse al tren. Al tren del otro lado. A ese que nunca regresa. Se subiría y se iría para siempre.
Contestó... y se fue.
Contestó rápido a la pregunta que le hizo el padre cuando apareció ante ella. No quiso que esperara mucho tiempo su respuesta. El "sí" sonó tan fuerte como el bofetón que llegó después. Sabía que si le hubiera hecho esperar habría sido una verdadera lluvia de golpes y patadas lo que habría recibido. Cuando el padre estaba así, era mejor no hacerle enfadar. La madre lo sabía, y la mayor parte de las veces le contestaba para que la hija no recibiera ningún golpe. Pero ahora no había nadie que los parara. La madre murió dejando a la hija desprotegida y sola. Por eso tuvo que tomar la decisión. Salir, irse de casa y dejar al padre solo con su miserable vida. El padre se enteró e intentó evitarlo.
-¿Te vas, estúpida? -le preguntó.
-Sí -fue su contestación.
Y después de recibir el bofetón le dejó para siempre plantado en el recibidor de su casa.
-¿Te vas, estúpida? -le preguntó.
-Sí -fue su contestación.
Y después de recibir el bofetón le dejó para siempre plantado en el recibidor de su casa.
8.7.07
Páginas en blanco
Siempre está el temor a las páginas en blanco. Y llevaba muchos días delante de su cuaderno sin saber qué poner, sin escribir ni una sola letra.
El miedo había vuelto.
Un miedo enfermizo al fracaso que se apoderaba de él cada vez que debía empezar un nuevo relato.
Cuando empezó a escribir, hace ya... tanto tiempo, nunca se le pasó por la cabeza que llegaría a ser tan famoso. Su primer cuento fue un éxito rotundo y la vida empezó a sonreirle; el segundo fue mejor y ya no tuvo dudas. Seguiría escribiendo toda su vida.
Le animó a hacerlo su profesor de literatura del bachillerato. "Eres brillante"- le dijo. "Nunca he tenido un alumno como tú, que supiera expresarse por escrito como lo haces tú". Eso fue para él lo mejor que le había pasado en la vida.
Su triste pasado -era huérfano- de casa en casa, de rebeldía en rebeldía, se borró completamente hasta el punto de que tuvo que reinventarlo de nuevo.
Desde su primer cuento la gente le quiso, todos le admiraban. Sus antiguos compañeros, los que antes se alejaban de él, ahora eran "íntimos".
Pero un día apareció ella. Hermosa como ninguna, dulce, cariñosa y angelical. Desde ese momento todo cambió.
La literatura pasó a segundo plano. No era importante comparándola con sus ojos. La amó y la adoró como a una diosa.
Y entonces llegó el primer fracaso.
Pasaba tanto tiempo pendiente de adorarla que su tercer cuento no valía ni las hojas en que lo había escrito. "Bueno"-pensó-, "el siguiente será un éxito".
Ahora su tiempo estaba ocupado por ella. Tan fuerte era su sentimiento, que dejo los cuentos y escribió poemas.
Y el fracaso fue rotundo.
Sus amigos le abandonaron, nadie quería saber nada de un fracasado. Se arruinó. Pero lo peor fue cuando ella le dejó. Ya no era nada para ella. Él ya no brillaba, no era famoso, no le atraía. Su dulzura se convirtió en ira; el cariño en odio; el ángel, en demonio; su vida en un infierno. Se quedó solo.
Su fracaso le llevó al borde de la muerte. Pensó que el suicidio era la mejor solución.
Sin embargo, dentro de su cabeza rondaba una historia. Soñaba con ella día y noche. No podía dejar de pensar en ella. Era su historia. Y por eso decidió escribirla.
Preparó todo de nuevo: su mesa, su silla, su cuaderno de notas, su pluma descargada de tinta, el ordenador que ya se había quedado antiguo pero aún funcionaba. Se preparó como siempre lo había hecho: se sentó, cogió su cuaderno y la pluma que ya había cargado y se dispuso a escribir.
Pero siempre está el temor a las páginas en blanco y pasó muchos días delante de su cuaderno sin poder empezar, sin escribir ni una sola letra. Y tuvo miedo. Mucho miedo.
El miedo había vuelto.
Un miedo enfermizo al fracaso que se apoderaba de él cada vez que debía empezar un nuevo relato.
Cuando empezó a escribir, hace ya... tanto tiempo, nunca se le pasó por la cabeza que llegaría a ser tan famoso. Su primer cuento fue un éxito rotundo y la vida empezó a sonreirle; el segundo fue mejor y ya no tuvo dudas. Seguiría escribiendo toda su vida.
Le animó a hacerlo su profesor de literatura del bachillerato. "Eres brillante"- le dijo. "Nunca he tenido un alumno como tú, que supiera expresarse por escrito como lo haces tú". Eso fue para él lo mejor que le había pasado en la vida.
Su triste pasado -era huérfano- de casa en casa, de rebeldía en rebeldía, se borró completamente hasta el punto de que tuvo que reinventarlo de nuevo.
Desde su primer cuento la gente le quiso, todos le admiraban. Sus antiguos compañeros, los que antes se alejaban de él, ahora eran "íntimos".
Pero un día apareció ella. Hermosa como ninguna, dulce, cariñosa y angelical. Desde ese momento todo cambió.
La literatura pasó a segundo plano. No era importante comparándola con sus ojos. La amó y la adoró como a una diosa.
Y entonces llegó el primer fracaso.
Pasaba tanto tiempo pendiente de adorarla que su tercer cuento no valía ni las hojas en que lo había escrito. "Bueno"-pensó-, "el siguiente será un éxito".
Ahora su tiempo estaba ocupado por ella. Tan fuerte era su sentimiento, que dejo los cuentos y escribió poemas.
Y el fracaso fue rotundo.
Sus amigos le abandonaron, nadie quería saber nada de un fracasado. Se arruinó. Pero lo peor fue cuando ella le dejó. Ya no era nada para ella. Él ya no brillaba, no era famoso, no le atraía. Su dulzura se convirtió en ira; el cariño en odio; el ángel, en demonio; su vida en un infierno. Se quedó solo.
Su fracaso le llevó al borde de la muerte. Pensó que el suicidio era la mejor solución.
Sin embargo, dentro de su cabeza rondaba una historia. Soñaba con ella día y noche. No podía dejar de pensar en ella. Era su historia. Y por eso decidió escribirla.
Preparó todo de nuevo: su mesa, su silla, su cuaderno de notas, su pluma descargada de tinta, el ordenador que ya se había quedado antiguo pero aún funcionaba. Se preparó como siempre lo había hecho: se sentó, cogió su cuaderno y la pluma que ya había cargado y se dispuso a escribir.
Pero siempre está el temor a las páginas en blanco y pasó muchos días delante de su cuaderno sin poder empezar, sin escribir ni una sola letra. Y tuvo miedo. Mucho miedo.
4.7.07
Una ciudad
Mientras las luces alumbran la ciudad, la gente pasea tranquila por sus calles ajena a las “tragedias” individuales que viven otras personas en la misma población.
Suena una suave música de fondo que adormece los sentidos cada vez que se abren las puertas de un viejo bar de barrio. Acompaña a esa música un murmullo de voces broncas y cascadas por el alcohol y el tabaco. Voces que se asemejan a sus deseos por sobrevivir en un lugar ajeno a su nacimiento.
En el autobús todas las caras son una sola. La tristeza, el cansancio son evidentes en los ojos enrojecidos y ojerosos de esa persona que ha trabajado duramente todo el día para ganar un miserable sueldo con el que mantener a su familia. Porque él es un vago que no merece su esfuerzo. Si no fuera por el crío.
Al conductor del taxi le quedan apenas dos horas para terminar su turno. Compró a medias el vehículo con un amigo que comparte las tareas de conducción. Se reparten las ganancias al cincuenta por ciento. “¿Por qué será que hago más carreras?” suele pensar el conductor. También piensa que sale perdiendo él.
“Adivinamos su futuro. Garantía total. Discreción”. En los anuncios clasificados todos los días aparece éste acompañado de un número de teléfono que se pasa todo el día comunicando. La gente pretende saber si podrá salir del agujero. Mientras tanto las “brujas” hacen su agosto sin tener la más mínima idea de una “ciencia” de la que ofrecen garantía total. ¿De qué?
Nada nuevo hay en el buzón de casa. Todo son facturas y propaganda de grandes centros comerciales con ofertas de productos de consumo. Unos son de primera necesidad: vino, ropa, bicicletas; otros no son tan necesarios: pan, leche, azúcar...
Los institutos nocturnos han abierto sus aulas frías y poco iluminadas. El profesor entra y empieza a dar la clase. Aburridos, los alumnos escuchan, o no, la monótona voz de un ser anodino que año tras año repite la misma “canción”.
No. La ciudad no cambia, aunque así nos lo vendan los políticos y demás animales del Parlamento. No puede cambiar porque sus habitantes ya no tienen ilusión por salir adelante. Se sienten engañados y por eso engañan a los demás. Renace la picardía y los pícaros con ella. Sólo queda esperar. Esperar la redención de un “Mesías” que les saque del aburrimiento. Pero... ¿cuándo?.
Suena una suave música de fondo que adormece los sentidos cada vez que se abren las puertas de un viejo bar de barrio. Acompaña a esa música un murmullo de voces broncas y cascadas por el alcohol y el tabaco. Voces que se asemejan a sus deseos por sobrevivir en un lugar ajeno a su nacimiento.
En el autobús todas las caras son una sola. La tristeza, el cansancio son evidentes en los ojos enrojecidos y ojerosos de esa persona que ha trabajado duramente todo el día para ganar un miserable sueldo con el que mantener a su familia. Porque él es un vago que no merece su esfuerzo. Si no fuera por el crío.
Al conductor del taxi le quedan apenas dos horas para terminar su turno. Compró a medias el vehículo con un amigo que comparte las tareas de conducción. Se reparten las ganancias al cincuenta por ciento. “¿Por qué será que hago más carreras?” suele pensar el conductor. También piensa que sale perdiendo él.
“Adivinamos su futuro. Garantía total. Discreción”. En los anuncios clasificados todos los días aparece éste acompañado de un número de teléfono que se pasa todo el día comunicando. La gente pretende saber si podrá salir del agujero. Mientras tanto las “brujas” hacen su agosto sin tener la más mínima idea de una “ciencia” de la que ofrecen garantía total. ¿De qué?
Nada nuevo hay en el buzón de casa. Todo son facturas y propaganda de grandes centros comerciales con ofertas de productos de consumo. Unos son de primera necesidad: vino, ropa, bicicletas; otros no son tan necesarios: pan, leche, azúcar...
Los institutos nocturnos han abierto sus aulas frías y poco iluminadas. El profesor entra y empieza a dar la clase. Aburridos, los alumnos escuchan, o no, la monótona voz de un ser anodino que año tras año repite la misma “canción”.
No. La ciudad no cambia, aunque así nos lo vendan los políticos y demás animales del Parlamento. No puede cambiar porque sus habitantes ya no tienen ilusión por salir adelante. Se sienten engañados y por eso engañan a los demás. Renace la picardía y los pícaros con ella. Sólo queda esperar. Esperar la redención de un “Mesías” que les saque del aburrimiento. Pero... ¿cuándo?.
14.6.07
Un paseo muy extraño
Paseábamos por el bosque una mañana de otoño, la temperatura era agradable y las hojas de los árboles goteaban por el rocío de la madrugada. Buscábamos setas para asar junto con la carne y nos separamos unos metros para realizar la búsqueda mejor. A pocos centímetros de mí hallé un grupo de setas muy grandes y hermosas. Como no sabía si eran comestibles o no, llamé a mis amigos para que me ayudasen y cuál sería mi sorpresa cuando me vi rodeada por unos seres extraños y diminutos, que, después de pasado mi asombro, identifiqué como duendes del bosque.
Ni que decir tiene que no acababa de creer lo que veía ante mí, así que llamé a mis amigos, pero no me contestaron. Tras unos momentos de desconcierto por mi parte, me hablaron y su voz tan dulce me dijo que se podía confiar en ellos. Así que nos hicimos amigos y me invitaron a visitar su ciudad. Pero existía un gran problema: mi estatura. Yo medía 140 centímetros más que ellos. Rápidamente solucionaron el problema. Me dieron a beber una mezcla de delicioso sabor -desconozco los ingredientes-, que redujo el tamaño de mi cuerpo y, de esta manera, visité el maravilloso pueblo de los duendes.
Pude comprobar con mis propios ojos que lo que se dice en los cuentos sobre ellos es cierto. Las setas son sus casas y ellos son muy trabajadores, honrados, amables y tremendamente alegres. Se pasan el día cantando, sólo dejan de hacerlo cuando duermen. La música les proporciona la energía para vivir. Me comentaron que, sin la música, su raza se extinguiría. Me enseñaron muchas canciones y, desde luego, me hicieron sentir como uno de ellos.
Pero ocurrió que pasó el efecto del brebaje y poco a poco regresé al mundo de la realidad. Mis amigos estaban rodeándome y, preocupados, me llamaban intentando hacerme reaccionar. Un terrible dolor de cabeza me hizo despertar del todo. “Ya vuelve en sí”, -oí decir en un eco.
Me había golpeado la cabeza con una rama –un chichón enorme dejó constancia de ello-, y perdí el conocimiento. Todo había sido un sueño. Pero desde entonces viene a mi memoria un montón de canciones desconocidas que siempre me alegran el corazón cuando estoy decaída.
Ni que decir tiene que no acababa de creer lo que veía ante mí, así que llamé a mis amigos, pero no me contestaron. Tras unos momentos de desconcierto por mi parte, me hablaron y su voz tan dulce me dijo que se podía confiar en ellos. Así que nos hicimos amigos y me invitaron a visitar su ciudad. Pero existía un gran problema: mi estatura. Yo medía 140 centímetros más que ellos. Rápidamente solucionaron el problema. Me dieron a beber una mezcla de delicioso sabor -desconozco los ingredientes-, que redujo el tamaño de mi cuerpo y, de esta manera, visité el maravilloso pueblo de los duendes.
Pude comprobar con mis propios ojos que lo que se dice en los cuentos sobre ellos es cierto. Las setas son sus casas y ellos son muy trabajadores, honrados, amables y tremendamente alegres. Se pasan el día cantando, sólo dejan de hacerlo cuando duermen. La música les proporciona la energía para vivir. Me comentaron que, sin la música, su raza se extinguiría. Me enseñaron muchas canciones y, desde luego, me hicieron sentir como uno de ellos.
Pero ocurrió que pasó el efecto del brebaje y poco a poco regresé al mundo de la realidad. Mis amigos estaban rodeándome y, preocupados, me llamaban intentando hacerme reaccionar. Un terrible dolor de cabeza me hizo despertar del todo. “Ya vuelve en sí”, -oí decir en un eco.
Me había golpeado la cabeza con una rama –un chichón enorme dejó constancia de ello-, y perdí el conocimiento. Todo había sido un sueño. Pero desde entonces viene a mi memoria un montón de canciones desconocidas que siempre me alegran el corazón cuando estoy decaída.
La estación I
Vivía muy cerca de la estación del tren de su pueblo. Siempre veía desde la ventana de su cuarto pasar las máquinas reduciendo su velocidad hasta pararse totalmente ante el andén. Veía a los pasajeros subir y bajar, al jefe de la estación dar la orden de salida y al tren partir y acelerar hasta perderse tras una pronunciada curva.
Algún día ella también se irá en un tren como ese; cuando pueda levantarse de la cama y caminar hasta la estación.
Sí, algún día ella también lo hará...
Algún día ella también se irá en un tren como ese; cuando pueda levantarse de la cama y caminar hasta la estación.
Sí, algún día ella también lo hará...
29.5.07
4.3.07
La Catedral del Mar
Hace unos meses estuve en Barcelona, gran ciudad para algunos, ciudad a secas para otros. Pero lo que sí es evidente que allí hay lugares de una belleza extraordinaria. Me refiero a un lugar donde se respira la humildad, el trabajo, el esfuerzo, el amor y la esperanza. Una iglesia gótica, en la que los hombres humildes trabajaron codo con codo, alma con alma, y donde pusieron todas sus esperanzas porque era "SU IGLESIA".
La iglesia de la que hablo es Santa María del Mar. La "Catedral del Mar".
El hombre que la proyectó y los que trabajaron en ella no lo hicieron por dinero, sino por amor a una virgen a la que veneraban. Todos aquellos que estaban relacionados con el mar y con algunas de sus profesiones, participaron con lo que tenían y construyeron una de las iglesias más hermosas que he conocido.
La descubrí leyendo un libro con el mismo título que me habían prestado. Desde la primera página me cautivó. Su autor, Ildefonso Falcones de Sierra, escribió una gran obra que, de una manera muy sencilla, relataba la vida de dos generaciones de "bastaix", palabra catalana que significa "mozo de cuerda" o "cargador". De esta familia el protagonista es Arnau y a través de él se cuenta la historia de la construcción de esta iglesia y a la vez de un periodo de la historia de la Barcelona medieval.
Después de leer el libro no tenía otra ilusión que cuando fuese a Barcelona debía localizar el sitio y visitar la iglesia por dentro y por fuera. Y así lo hice.
La he visitado dos veces. La primera había una boda y sólo pude entrar un momento. Pero la segunda vez pude visitarla y respirar su historia, imaginándome a los personajes del libro, identificándome con la espiritualidad que emanaban sus columnas y cristaleras. Pensando que el esfuerzo de todos los que participaron en levantarla tuvo una extraordinaria recompensa.
Pero sobre todo me hizo pensar en el esfuerzo. Me hizo pensar en que trabajar por lo que quieres conseguir nunca es perder el tiempo. Que puedes tener malos momentos, obstáculos que se te hacen muy difíciles de pasar y gente que te puede dar la espalda y hacerte daño, y que eres capaz de seguir adelante, porque siempre encuentras un lugar y una gente que te dejan huella y te ayudan a seguir.
La iglesia de la que hablo es Santa María del Mar. La "Catedral del Mar".
El hombre que la proyectó y los que trabajaron en ella no lo hicieron por dinero, sino por amor a una virgen a la que veneraban. Todos aquellos que estaban relacionados con el mar y con algunas de sus profesiones, participaron con lo que tenían y construyeron una de las iglesias más hermosas que he conocido.
La descubrí leyendo un libro con el mismo título que me habían prestado. Desde la primera página me cautivó. Su autor, Ildefonso Falcones de Sierra, escribió una gran obra que, de una manera muy sencilla, relataba la vida de dos generaciones de "bastaix", palabra catalana que significa "mozo de cuerda" o "cargador". De esta familia el protagonista es Arnau y a través de él se cuenta la historia de la construcción de esta iglesia y a la vez de un periodo de la historia de la Barcelona medieval.
Después de leer el libro no tenía otra ilusión que cuando fuese a Barcelona debía localizar el sitio y visitar la iglesia por dentro y por fuera. Y así lo hice.
La he visitado dos veces. La primera había una boda y sólo pude entrar un momento. Pero la segunda vez pude visitarla y respirar su historia, imaginándome a los personajes del libro, identificándome con la espiritualidad que emanaban sus columnas y cristaleras. Pensando que el esfuerzo de todos los que participaron en levantarla tuvo una extraordinaria recompensa.
Pero sobre todo me hizo pensar en el esfuerzo. Me hizo pensar en que trabajar por lo que quieres conseguir nunca es perder el tiempo. Que puedes tener malos momentos, obstáculos que se te hacen muy difíciles de pasar y gente que te puede dar la espalda y hacerte daño, y que eres capaz de seguir adelante, porque siempre encuentras un lugar y una gente que te dejan huella y te ayudan a seguir.
Y de ese modo me hice un poco más fuerte. Y decidí olvidar todos los malos momentos de mi vida -algunos aún muy recientes- y mirar hacia adelante.
20.7.06
¿Vale la pena?
Hace años que vivo de la enseñanza y cada año se repiten las mismas cosas con distintos protagonistas.
Por supuesto me refiero a los alumnos.
Cada año, al final de curso, se repiten las mismas escenas de nervios ante los exámenes finales. "¿Me aprobarás, profe?" es la pregunta del millón. La respuesta es siempre la misma "estudia y verás". Pero quién de ellos estudia si no lo han hecho a lo largo del curso. La ley del mínimo esfuerzo está a la orden del día.
Por nuestra parte, es decir, los profesores, a veces nos acomodamos a una forma de dar las clases muy impersonal y reiterativa. Rutinaria, más bien. Pensamos que las clases magistrales son las mejores para que nuestros alumnos aprendan y nos pasamos la sesión de clase habla que te habla con una voz monótona y durmiente irresistible para ellos. SE DUERMEN.
Claro, luego está el típico de turno que te exige que se lo vuelvas a explicar porque no se ha enterado de nada. Pero, cómo se van a enterar si no hablamos el mismo "idioma". Y comienza la dialéctica entre alumno y profesor que a cada paso se vuelve más y más tensa hasta llegar a un punto en que cada uno de los COMBATIENTES ya no sabe lo que dice ni por qué discute con el otro.
Y una pregunta vuela entre los educadores ¿vale la pena seguir? Rotundamente sí. Son más las satisfacciones que te produce educar y ver que al menos uno solo aprende porque te escucha y aprueba, que todos los fracasos juntos.
Si uno se acerca a ti un día, después de muchos años de haber terminado, y te dice: "me acuerdo de ti". Y te recita de memoria la primera declinación en latín, o te recita aquel poema que tanto le costó aprender y luego, después de haberte plantado un sonoro beso en la mejilla, te da las gracias por lo que le has enseñado... ¿no creéis que vale la pena?
Por supuesto me refiero a los alumnos.
Cada año, al final de curso, se repiten las mismas escenas de nervios ante los exámenes finales. "¿Me aprobarás, profe?" es la pregunta del millón. La respuesta es siempre la misma "estudia y verás". Pero quién de ellos estudia si no lo han hecho a lo largo del curso. La ley del mínimo esfuerzo está a la orden del día.
Por nuestra parte, es decir, los profesores, a veces nos acomodamos a una forma de dar las clases muy impersonal y reiterativa. Rutinaria, más bien. Pensamos que las clases magistrales son las mejores para que nuestros alumnos aprendan y nos pasamos la sesión de clase habla que te habla con una voz monótona y durmiente irresistible para ellos. SE DUERMEN.
Claro, luego está el típico de turno que te exige que se lo vuelvas a explicar porque no se ha enterado de nada. Pero, cómo se van a enterar si no hablamos el mismo "idioma". Y comienza la dialéctica entre alumno y profesor que a cada paso se vuelve más y más tensa hasta llegar a un punto en que cada uno de los COMBATIENTES ya no sabe lo que dice ni por qué discute con el otro.
Y una pregunta vuela entre los educadores ¿vale la pena seguir? Rotundamente sí. Son más las satisfacciones que te produce educar y ver que al menos uno solo aprende porque te escucha y aprueba, que todos los fracasos juntos.
Si uno se acerca a ti un día, después de muchos años de haber terminado, y te dice: "me acuerdo de ti". Y te recita de memoria la primera declinación en latín, o te recita aquel poema que tanto le costó aprender y luego, después de haberte plantado un sonoro beso en la mejilla, te da las gracias por lo que le has enseñado... ¿no creéis que vale la pena?
23.2.06
A mi amigo Toni.
Nunca se sabe cuánto se quiere a una persona hasta que la pierdes.
Yo he perdido a mi amigo Toni al que quería mucho. Cada día lloro su ausencia, porque la suya es la ausencia de la muerte.
Fue tan de repente que a nadie le ha dado tiempo a reaccionar; yo aún espero una llamada suya o un mensaje. Espero verle llegar en cualquier momento. Espero y cuando me doy cuenta de que nunca llegará, me duele.
Cuando alguien especial se muere, alguien a quien querías mucho, un poco de ti se muere también.
Pero me queda de él lo que hemos vivido juntos. Todo lo que me dio con su amistad nadie me lo puede quitar. Sólo tengo la pena de que no le dije suficientemente que le quería. Aunque él lo sabía.
Me demostró que podía contar con él en cualquier momento. A pesar de la distancia, siempre estaba ahí cuando lo necesitaba, a cualquier hora, por cualquier cosa. Él me ayudó a ser fuerte y a no desfallecer en los momentos de mayor crisis personal. Supo aconsejarme y hacerme reflexionar sobre cosas a las que yo no daba importancia cuando de verdad eran esenciales en mi vida. Me enseñó a distinguir lo que de verdad valía la pena de lo que no tenía valor. Me hizo fuerte. Sí, me hizo ser mejor persona.
Nunca podré olvidarle, ni quiero hacerlo. Y le echo de menos.
SE HA IDO TONI. PERO SIEMPRE ESTARÁ VIVO EN MÍ.

EN MEMORIA DE MI AMIGO TONI MONSERRAT.
Yo he perdido a mi amigo Toni al que quería mucho. Cada día lloro su ausencia, porque la suya es la ausencia de la muerte.
Fue tan de repente que a nadie le ha dado tiempo a reaccionar; yo aún espero una llamada suya o un mensaje. Espero verle llegar en cualquier momento. Espero y cuando me doy cuenta de que nunca llegará, me duele.
Cuando alguien especial se muere, alguien a quien querías mucho, un poco de ti se muere también.
Pero me queda de él lo que hemos vivido juntos. Todo lo que me dio con su amistad nadie me lo puede quitar. Sólo tengo la pena de que no le dije suficientemente que le quería. Aunque él lo sabía.
Me demostró que podía contar con él en cualquier momento. A pesar de la distancia, siempre estaba ahí cuando lo necesitaba, a cualquier hora, por cualquier cosa. Él me ayudó a ser fuerte y a no desfallecer en los momentos de mayor crisis personal. Supo aconsejarme y hacerme reflexionar sobre cosas a las que yo no daba importancia cuando de verdad eran esenciales en mi vida. Me enseñó a distinguir lo que de verdad valía la pena de lo que no tenía valor. Me hizo fuerte. Sí, me hizo ser mejor persona.
Nunca podré olvidarle, ni quiero hacerlo. Y le echo de menos.
SE HA IDO TONI. PERO SIEMPRE ESTARÁ VIVO EN MÍ.
EN MEMORIA DE MI AMIGO TONI MONSERRAT.
27.11.05
Vivir sin vivir
Mi instinto me dice que debo desconfiar de todo aquello que me facilite el camino hacia ti. Llegar a ti no es trabajo fácil pero superaré cualquier obstáculo para conseguirte.
Tengo mi destino marcado por tu sombra, a cuya estela sobrevivo, porque esto no puede ser llamado vivir, porque la vida eres tú cuando corres por mis venas y mi sangre se llena de ti; durante segundos vivo eternamente hasta deshacerme en miles de partículas brillantes que estallan en mi cerebro y el dolor se convierte en una intensa ascua que me abrasa el interior de la cabeza hasta que la hace explotar y llego a perder el sentido.
Soy consciente de que ya no puedo vivir sin ti; contigo me queda poco tiempo de vida. Estoy decidido a vivir lo poco que me queda junto a ti.
Tengo mi destino marcado por tu sombra, a cuya estela sobrevivo, porque esto no puede ser llamado vivir, porque la vida eres tú cuando corres por mis venas y mi sangre se llena de ti; durante segundos vivo eternamente hasta deshacerme en miles de partículas brillantes que estallan en mi cerebro y el dolor se convierte en una intensa ascua que me abrasa el interior de la cabeza hasta que la hace explotar y llego a perder el sentido.
Soy consciente de que ya no puedo vivir sin ti; contigo me queda poco tiempo de vida. Estoy decidido a vivir lo poco que me queda junto a ti.
16.11.05
Sólo quiero escribir.
A veces siento la necesidad de escribir.
Sacar fuera lo que me pasa por dentro. No puedo hablar con nadie de ello porque me he dado cuenta de que todos queremos hablar, pero ninguno escucha lo que el otro dice. Estamos necesitados de comunicación y eso es lo que nos hace tan violentos.
Expresarse es la necesidad mayor del hombre. Y yo quiero expresar lo que siento. Lo que me pasa por la cabeza en ciertos momentos no puedo decirlo si no es por escrito; las palabras, cuando salen de mi boca son insuficientes, no puedo pensarlas con claridad. Todos necesitamos que nos escuchen. Pero yo, además, necesito que me lean. Las palabras cuando se pronuncian se las lleva el viento, no quedan. Si las escribo quedan para siempre.
Desde los 13 años escribo cuentos y poesías. Mi válvula de escape, la forma de no volverme loca, así no guardo dentro de mí ni rencores ni odios ni amores. Ni tan siquiera lo que no me atrevería nunca a decir en público.
Porque mi vida es escribir, mi vida es la literatura, el lenguaje apaga el fuego que me quema por dentro. Y me gustaría que otros utilizaran este rincón para poder expresarse libremente.
Sin ningún tipo de reservas, sin ningún tipo de tabú. Las palabras están para eso: para sentir y expresar lo que se siente.
Os invito a hacerlo, a desahogaros. A decir lo que pensáis.
A USAR LAS PALABRAS.
Sacar fuera lo que me pasa por dentro. No puedo hablar con nadie de ello porque me he dado cuenta de que todos queremos hablar, pero ninguno escucha lo que el otro dice. Estamos necesitados de comunicación y eso es lo que nos hace tan violentos.
Expresarse es la necesidad mayor del hombre. Y yo quiero expresar lo que siento. Lo que me pasa por la cabeza en ciertos momentos no puedo decirlo si no es por escrito; las palabras, cuando salen de mi boca son insuficientes, no puedo pensarlas con claridad. Todos necesitamos que nos escuchen. Pero yo, además, necesito que me lean. Las palabras cuando se pronuncian se las lleva el viento, no quedan. Si las escribo quedan para siempre.
Desde los 13 años escribo cuentos y poesías. Mi válvula de escape, la forma de no volverme loca, así no guardo dentro de mí ni rencores ni odios ni amores. Ni tan siquiera lo que no me atrevería nunca a decir en público.
Porque mi vida es escribir, mi vida es la literatura, el lenguaje apaga el fuego que me quema por dentro. Y me gustaría que otros utilizaran este rincón para poder expresarse libremente.
Sin ningún tipo de reservas, sin ningún tipo de tabú. Las palabras están para eso: para sentir y expresar lo que se siente.
Os invito a hacerlo, a desahogaros. A decir lo que pensáis.
A USAR LAS PALABRAS.
17.10.05
Soliloquio de una loca sola
Estoy acorralada, lo presiento, lo sé. Acorralada por mis propias alucinaciones, por mis propios pensamientos, por mi continua pesadilla. Mi encierro entre estas cuatro paredes agudizan más mi dolor.
Me siento cansada e indefensa. Harta de luchar contra mi cuerpo y mi espíritu; no me atrevo a cerrar los ojos...; mi corazón late con fuerza y mis sienes golpean con más rapidez. Porque siempre aparece la misma escena: formando un círculo casi perfecto alrededor del viejo, están sentados los niños, todos rubios, todos con ojos azules, todos con las mejillas sonrosadas, como si todos estuvieran fabricados en serie pero no en serio.
Escuchan atentamente, boquiabiertos y sin pestañear lo que el viejo de pelo blanco con la pipa unas veces en los labios, otras no, les cuenta: esas historias maravillosas que sólo él sabe contar.
Luego un grito producido por muchas gargantas al unísono, sangre y sollozos formando una pareja perfectamente enamorada.
Esa imagen es el único recuerdo de mi infancia que me queda. Yo oí las mismas historias que ahora escuchan esos niños con gran atención y al recordarlas producen en mí el sentimiento de vivir en un pasado que no deseo que vuelva. Fue tan... Esos recuerdos se apoderan de mí, entremezclados, confundidos.
Ahora encerrada en estas cuatro paredes he encontrado mi libertad en la sombra de la locura que me rodea. En la libertad de los niños todos rubios, todos con ojos azules, todos con mejillas sonrosadas, como si todos hubiesen sido fabricados en serie pero no en serio. En la libertad del viejo que cuenta maravillosas historias que sólo él sabe contar, unas veces con la pipa en los labios, otras no.
Porque quise escribir una maravillosa historia -como las del viejo- con la sangre de mi libertad... Y LO CONSEGUÍ.
Me siento cansada e indefensa. Harta de luchar contra mi cuerpo y mi espíritu; no me atrevo a cerrar los ojos...; mi corazón late con fuerza y mis sienes golpean con más rapidez. Porque siempre aparece la misma escena: formando un círculo casi perfecto alrededor del viejo, están sentados los niños, todos rubios, todos con ojos azules, todos con las mejillas sonrosadas, como si todos estuvieran fabricados en serie pero no en serio.
Escuchan atentamente, boquiabiertos y sin pestañear lo que el viejo de pelo blanco con la pipa unas veces en los labios, otras no, les cuenta: esas historias maravillosas que sólo él sabe contar.
Luego un grito producido por muchas gargantas al unísono, sangre y sollozos formando una pareja perfectamente enamorada.
Esa imagen es el único recuerdo de mi infancia que me queda. Yo oí las mismas historias que ahora escuchan esos niños con gran atención y al recordarlas producen en mí el sentimiento de vivir en un pasado que no deseo que vuelva. Fue tan... Esos recuerdos se apoderan de mí, entremezclados, confundidos.
Ahora encerrada en estas cuatro paredes he encontrado mi libertad en la sombra de la locura que me rodea. En la libertad de los niños todos rubios, todos con ojos azules, todos con mejillas sonrosadas, como si todos hubiesen sido fabricados en serie pero no en serio. En la libertad del viejo que cuenta maravillosas historias que sólo él sabe contar, unas veces con la pipa en los labios, otras no.
Porque quise escribir una maravillosa historia -como las del viejo- con la sangre de mi libertad... Y LO CONSEGUÍ.
16.10.05
Las tres puertas
Tras la puerta del fondo se esconde la magia del primer encuentro. Si la abres verás aparecer un dulce cuerpo varonil y experto que te llevará por caminos insospechados más allá de lo que hayas experimentado jamás.
Tras la puerta de la derecha se esconde la amargura de una despedida. Si la abres puedes perder todo aquello para lo que has luchado denodadamente más allá de tu pensamiento.
Tras la puerta de la izquierda se esconde la libertad de vivir. Si la abres llegará hasta ti el aire puro y limpio que siempre quisiste respirar más allá del otro lado de la línea.
LAS TRES PUERTAS se presentan ante ti para que elijas. Si dudas escucha tu imaginación que siempre es sincera, que nunca te falla; es tu mejor consejera porque te conoce y sabe de ti mejor que tú mismo. Ella escogerá en tu lugar una de las tres: MAGIA, AMARGURA, LIBERTAD. SENSACIÓN, VACÍO, SENTIMIENTO.
Tras la puerta de la derecha se esconde la amargura de una despedida. Si la abres puedes perder todo aquello para lo que has luchado denodadamente más allá de tu pensamiento.
Tras la puerta de la izquierda se esconde la libertad de vivir. Si la abres llegará hasta ti el aire puro y limpio que siempre quisiste respirar más allá del otro lado de la línea.
LAS TRES PUERTAS se presentan ante ti para que elijas. Si dudas escucha tu imaginación que siempre es sincera, que nunca te falla; es tu mejor consejera porque te conoce y sabe de ti mejor que tú mismo. Ella escogerá en tu lugar una de las tres: MAGIA, AMARGURA, LIBERTAD. SENSACIÓN, VACÍO, SENTIMIENTO.
25.9.05
Mi Barrio
Vivo en un barrio multirracial, multicultural, multi...todo.
Desde hace unos años mi barrio ha aumentado su población en un porcentaje muy alto con gente de otros países, razas, culturas, idiomas y creencias.
A los que llevamos viviendo muchos años allí, cada vez nos cuesta más asimilar que nuestro "pequeño barrio" se ha convertido en una pequeña representación del mundo que habitamos. No es broma. De los cinco continentes que existen, cuatro están representados. Asia, África, Sudamérica y, por supuesto, Europa, convivendo día a día.
También hay al menos 3 tipos de culto religioso: la iglesia evangélica, la católica y la musulmana. Las 3 conviven sin ningún tipo de problemas y, por ahora, estas creencias se respetan cada una entre sí.
En cuanto a los idiomas o lenguas, mejor dicho, que allí se hablan, puedo distinguir árabe, mallorquín, castellano -con acento español y sudamericano- caló, chino. Aunque todos nos entendemos en castellano, pues sería un poco complicado si compras en una tienda china que ellos no te entiendieran ni tú tampoco a ellos.
Y las razas negros, blancos, mulatos, gitanos, árabes, orientales, indios sudamericanos... Como veis en un pequeño espacio como es el barrio de Pere Garau puedes viajar por todo el mundo sin ningún problema.
Desde hace unos años mi barrio ha aumentado su población en un porcentaje muy alto con gente de otros países, razas, culturas, idiomas y creencias.
A los que llevamos viviendo muchos años allí, cada vez nos cuesta más asimilar que nuestro "pequeño barrio" se ha convertido en una pequeña representación del mundo que habitamos. No es broma. De los cinco continentes que existen, cuatro están representados. Asia, África, Sudamérica y, por supuesto, Europa, convivendo día a día.
También hay al menos 3 tipos de culto religioso: la iglesia evangélica, la católica y la musulmana. Las 3 conviven sin ningún tipo de problemas y, por ahora, estas creencias se respetan cada una entre sí.
En cuanto a los idiomas o lenguas, mejor dicho, que allí se hablan, puedo distinguir árabe, mallorquín, castellano -con acento español y sudamericano- caló, chino. Aunque todos nos entendemos en castellano, pues sería un poco complicado si compras en una tienda china que ellos no te entiendieran ni tú tampoco a ellos.
Y las razas negros, blancos, mulatos, gitanos, árabes, orientales, indios sudamericanos... Como veis en un pequeño espacio como es el barrio de Pere Garau puedes viajar por todo el mundo sin ningún problema.
19.9.05
Siempre me pasa igual
Cuando estoy frente a una página en blanco, SIEMPRE ME PASA IGUAL, no sé por dónde empezar y me pongo de los nervios. Lo comento entre mis colegas y el consejo siempre es el mismo, "empieza por el principio". Pero el problema es que nunca se me ocurre un principio porque en ese caso sabría por dónde empezar, está claro, ¿no?
Así que vuelvo otra vez a ponerme ante una página en blanco y me quedo igual que la página, es decir, en blanco.
¿Alguien me puede aconsejar UN BUEN PRINCIPIO?
Así que vuelvo otra vez a ponerme ante una página en blanco y me quedo igual que la página, es decir, en blanco.
¿Alguien me puede aconsejar UN BUEN PRINCIPIO?
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